Happy Stories. Historias sobre la influencia y el poder del coaching.
“Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, tienes razón”.
Henry Ford

Cada niño es diferente pero cada niño es único y especial. No hay ni peores ni mejores, sólo hay niños ricos en capacidades y habilidades diferentes. Hay que escuchar bien el ritmo de cada uno y respetar lo que son y lo que tienen, descubrir sus fortalezas y hacerlas crecer. A veces no salen las cosas a la primera, pero eso no quiere decir que no vayan a salir nunca. No existen fracasos, ni errores, sólo existen aprendizajes.

Gillian Lynne, cuando un problema aparente se convierte en una oportunidad.

Gillian Lynne es una de las coreógrafas más exitosas de los últimos años (entre otras cosas hizo las coreografías de Cats y del Fantasma de la Ópera). Cuando era niña, tenía problemas de conducta en el colegio. Un día le escribieron una carta a sus padres alertando sobre un posible trastorno de aprendizaje. Tras esto la madre decidió llevarla a ver a un psicólogo. Después de escuchar la descripción que le hizo la madre de todos los problemas de Gillian sobre su falta de atención, incapacidad para concentrarse y mantenerse quieta que tenía en el colegio, salieron fuera del consultorio. El psicólogo encendió la radio que tenía sobre su escritorio y le dijo a la madre que observara lo que hacía Gillian. Tan pronto como la madre y el psicólogo dejaron la sala, Gillian se puso de pie y empezó a moverse al ritmo de la música. Después de unos minutos el psicólogo le dijo a la madre: “Gillian no está enferma. Gillian es una bailarina”.

La llevaron a una escuela de danza y ahí se encontró con otra gente que no podía quedarse quieta; gente que para pensar tenía que moverse. Después de eso tuvo una carrera muy exitosa.

Gillian tuvo suerte porque la vio un buen profesional. A la mayoría de la gente con el cuadro de Gillian se le diagnostica ADD (attention deficit disorder), o trastorno de déficit de atención, y se la medica.

Albert Einstein, un genio al que nadie supo ver.

Albert Einstein no habló hasta los 4 años y no aprendió a leer antes de los 7 por lo que aparentaba poseer algún retardo que le provocaría algunos problemas. Padres y maestros lo consideraban de una inteligencia inferior a la normal. Él afirmó más tarde que, con dos o tres años, su propósito era hablar con frases completas, que las ensayaba en voz baja y, sólo si le parecía que estaban bien construidas, las pronunciaba en voz alta.

Al contrario que su hermana menor, Maya, que era más vivaracha y alegre, Albert era paciente y metódico y no le gustaba exhibirse. Solía evitar la compañía de otros niños de su edad y a pesar de que, como niños, también tenían de vez en cuando sus diferencias, únicamente admitía a su hermana en sus soledades. Sacó buenas notas en general, no tanto en las asignaturas de idiomas, pero excelentes en las de ciencias naturales. Su paso por el Gymnasium (instituto de bachillerato), sin embargo, no fue muy gratificante: la rigidez y la disciplina militar de los institutos de secundaria le provocaron no pocas polémicas con los profesores. En 1894, cuando Einstein tenía 15 años, un nuevo profesor, el Dr. Joseph Degenhart, le dijo que «nunca conseguiría nada en la vida». Cuando Einstein le respondió que «no había cometido ningún delito», el profesor le dijo: «tu sola presencia aquí mina el respeto que me debe la clase».

A los 15 años, sin tutor ni guía, emprendió el estudio del cálculo infinitesimal y poco a poco fueron creyendo en él a base de los éxitos que fue cosechando.

Walt Disney, si lo puedes soñar lo puedes lograr.

Walt Disney, conocido principalmente por sus dibujos y su capacidad creativa, colaboró con el periódico del instituto y acudió por la noche a clases en la academia de arte. Su madre y su hermano le ayudaron a seguir desarrollando su talento.

Llegó a ser contratado por el periódico Kansas City Star, del que más tarde fue despedido, según sus jefes, por no ser suficientemente creativo y no tener buenas ideas.

Después de varios intentos en el mundo de la animación, finalmente consiguió un éxito moderado gracias a una serie de cortometrajes, pero él quería llegar aún más alto: su propósito era realizar un largometraje de animación. Aunque los ingresos del estudio de Disney eran muy considerables, no eran todavía suficientes para llevar a cabo este proyecto. Cuando en la industria de la animación se supo que Disney planeaba la producción de un largometraje animado sobre Blancanieves, se bautizó al proyecto como “la locura de Disney”, y todo el mundo estuvo de acuerdo en que el proyecto terminaría arruinando al estudio. Tanto su mujer como su hermano trataron de disuadir a Walt Disney de sus planes, pero finalmente Blancanieves se estrenó y se conviertió en la película más taquillera de 1938. Desde entonces, Disney nunca dejó de hacer películas.

Por todo esto que acabas de leer, nunca dejes de soñar y de creer.